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Volcanes jóvenes en la Luna

En el año 1971, los astronautas de la nave espacial Apollo 15, en la órbita de la Luna, fotografiaron algo muy extraño. Los investigadores lo llamaron “Ina”, y parecía ser lo que quedó después de una erupción volcánica.

No hay nada extraño respecto de los volcanes en la Luna, per se. Gran parte de la antigua superficie de la Luna está cubierta por lava endurecida. Las principales características del “Hombre en la Luna”, de hecho, son viejos flujos basálticos depositados hace miles de millones de años cuando la Luna fue devastada por violentas erupciones. Lo extraño respecto de Ina era su edad.

Durante mucho tiempo, los científicos planetarios han pensado que el vulcanismo lunar llegó a su fin hace alrededor de mil millones de años, y poco ha cambiado desde entonces. Sin embargo, Ina se veía notablemente nuevo. Durante más de 30 años, Ina siguió siendo un misterio, una rareza “única” que nadie podía explicar.

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Observado el mayor impacto de una roca contra la Luna

La colisión, observada por investigadores de la Universidad de Huelva y del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), produjo un destello casi tan brillante como la estrella Polar

El 11 de septiembre de 2013 una roca con la masa de un coche pequeño chocó contra la Luna y produjo un destello casi tan brillante como la estrella Polar. Se trata de la colisión más potente detectada hasta la fecha y su destello, de unos ocho segundos, el más longevo e intenso observado. Investigadores de la Universidad de Huelva y del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) publican hoy el análisis del impacto en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

“En ese momento fui consciente de que acababa de ser testigo de un acontecimiento extraordinario”, declara José María Madiedo, investigador de la Universidad de Huelva (UHU) que detectó la colisión. El hallazgo fue posible gracias a dos telescopios del Proyecto MIDAS (acrónimo en inglés de Sistema de Detección y Análisis de Impactos en la Luna), desarrollado por Madiedo conjuntamente con José Luis Ortiz, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC).

Estos impactos los producen, mayoritariamente, fragmentos de cometas y asteroides que giran alrededor del Sol y que técnicamente se conocen como meteoroides. La Tierra posee una atmósfera protectora que evita que la mayoría de los metoroides que impactan contra ella alcancen el suelo, pero la Luna carece de ese escudo y hasta los fragmentos más pequeños pueden chocar contra su superficie y producir un cráter.

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Se incrementa la evidencia de hielo en el cráter Shackleton

De acuerdo con datos proporcionados por el Orbitador de Reconocimiento Lunar (Lunar Reconnaissance Orbiter o LRO, por su sigla en idioma inglés), de la NASA, es posible que hasta un 22 por ciento de la superficie del cráter Shackleton, en el polo sur de la Luna, esté compuesto de hielo.

El enorme cráter, llamado así en honor al explorador de la Antártida Ernest Shackleton, mide más de 3 km (dos millas) de profundidad y más de 19 km (12 millas) de ancho. El pequeño ángulo de inclinación del eje de rotación de la Luna indica que el interior de Shackleton está permanentemente oscuro y muy frío. Durante mucho tiempo, los investigadores han pensado que allí se podría estar juntando hielo.

Cuando un equipo de la NASA y científicos universitarios utilizaron el altímetro láser del LRO para examinar el suelo del cráter Shackleton, descubrieron que era más brillante que los suelos de los cráteres cercanos ubicados alrededor del polo sur. Esto coincide con la presencia de pequeñas cantidades de hielo reflectante conservado por el frío y la oscuridad. Los descubrimientos se publicaron en la edición de hoy de la revista Nature.

 

Shackleton (splash)

Esta visualización, creada usando datos proporcionados por el altímetro láser del Orbitador de Reconocimiento Lunar, ofrece una vista del cráter Shackleton localizado en el polo sur de la Luna. Reproducir video

Además de la posible evidencia de hielo, el mapa confeccionado por el grupo que se ocupó de investigar el cráter Shackleton reveló un cráter extraordinariamente conservado que ha permanecido relativamente intacto desde su formación, hace más de tres mil millones de años. El suelo del cráter se encuentra moteado con pequeños cráteres, los cuales pudieron haberse formado como parte de la colisión que creó al Shackleton.

“El interior del cráter es extremadamente escarpado”, comenta Maria Zuber, quien es la investigadora principal del equipo, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (Massachusetts Institute of Technology o MIT, por su sigla en idioma inglés), ubicado en Cambridge, Massachusetts. “No sería sencillo gatear por allí”.

Mientras que el piso del cráter era relativamente brillante, Zuber y sus colegas observaron que las paredes eran incluso más brillantes. Al principio, el hallazgo fue desconcertante. Los científicos habían pensado que si en algún sitio del cráter hubiera hielo, este estaría en el suelo, donde no penetra la luz solar directamente. Las paredes superiores del cráter Shackleton son iluminadas ocasionalmente, lo que podría evaporar cualquier hielo que se acumule.

“Las mediciones del brillo nos han estado desconcertando desde hace dos veranos”, comenta Gregory Neumann, del Centro Goddard para Vuelos Espaciales (Goddard Space Flight Center, en idioma inglés), de la NASA, en Greenbelt, Maryland. Neumann es coautor del artículo.

Una teoría que ofrece el equipo para explicar el rompecabezas es que los “terremotos lunares” o “lunamotos” (movimientos sísmicos provocados por los impactos de meteoritos o por las fuerzas de las mareas de la Tierra) pudieron haber ocasionado que las paredes del Shackleton se desprendieran del suelo más viejo y oscuro, dejando así al descubierto un suelo nuevo y más brillante. El mapa de ultra-alta resolución del equipo de Zuber proporciona contundente evidencia de la existencia de hielo en el suelo y en las paredes del cráter.

“Pueden existir múltiples explicaciones para el brillo observado a través del cráter”, dice Zuber. “Por ejemplo, el material más nuevo puede estar expuesto a lo largo de sus paredes, mientras que el hielo puede estar mezclado con su suelo”.

http://ciencia.nasa.gov

Esta visualización, creada por el altímetro láser de datos del Orbitador de Reconocimiento Lunar, ofrece una vista del cráter Shackleton en el polo sur de la Luna.

Crédito NASA/Zuber, M.T. et al., Nature, 2012 – Production editor: Dr. Tony Phillips | Credit: Science@NASA

Para obtener más información sobre el LRO y el Altímetro Láser del Orbitador Lunar, visite: http://lunar.gsfc.nasa.gov.

Créditos y Contactos
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips
Traducción al Español: Sol Gil
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Sol Gil

Más información

El objetivo principal inicial del LRO fue llevar a cabo investigaciones con el fin de preparar las futuras exploraciones lunares. Lanzado en junio de 2009, el LRO finalizó su misión de exploración principal y ahora se encuentra en su misión científica principal. El LRO fue construido y es administrado por el Centro Goddard. Esta investigación fue financiada por el Directorio de Exploración Humana y Operaciones de Misiones, de la NASA, y por el Directorio de Misiones Científicas, en las oficinas centrales de la entidad, en Washington.

La sonda espacial confeccionó mapas del cráter con detalles sin precedentes, usando un láser para iluminar el interior del cráter y medir su albedo o reflectancia natural. La luz del láser mide a una profundidad que se puede comparar con su longitud de onda, o aproximadamente una micra. Eso representa una millonésima parte de un metro, o menos que una diezmilésima de pulgada. El equipo también utilizó el instrumento para confeccionar mapas del relieve del terreno del cráter, tomando como base el tiempo que tomaba a la luz del láser regresar de la superficie lunar. Cuanto más tiempo tomaba, menor era la elevación del terreno.

Sobre el origen de los elementos pesados

Un modelo propone que el origen de los elementos más pesados que el hierro no se da en las explosiones de supernova, sino en procesos en los que están involucradas las estrellas de neutrones.

Somos cenizas de estrellas. Muchos de los átomos que componen nuestros cuerpos estuvieron alguna vez en el interior de alguna estrella en donde las reacciones de fusión nucleares los sintetizaron. Una vez esos cuerpos estelares murieron los elementos que los componían fueron diseminados por el espacio. Parte de esa materia fue a parar a otros discos de acreción que formaron nuevas estrellas, planetas e incluso seres vivos.
El Big Bang sólo produjo hidrógeno, helio y pequeñas trazas de elementos ligeros, como el litio de nuestras baterías. Son los elementos primordiales. Las reacciones de fusión de las estrellas pueden sintetizar el resto de los elementos de la tabla periódica, pero no los de número atómico más elevado. El elemento de corte se suele colocar en el hierro, aunque esta frontera es un tanto difusa. La razón es que las reacciones de fusión para producir esos elementos más pesados no producen energía, sino que la consumen. De hecho, la mejor manera de crear esos elementos pesados es por captura de neutrones.

El caso es que, hasta ahora, se decía que esos elementos pesados, como el oro cuyo brillo tanto nos ciega, el uranio de nuestros reactores o el platino que cataliza tanta química moderna, procedían de las propias explosiones de supernovas. Todos hemos repetido esta popular hipótesis una y otra vez, pero no hay pruebas que la avalen. De hecho, las simulaciones de modelos de explosiones de supernova no confirman dicha síntesis.

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Astrophisics: Kepler observa por primera vez terremotos estelares

Los temblores, además de impactantes, pueden revelar el tamaño, la edad y la evolución de las estrellas

La sonda Kepler de la NASA, lanzada al espacio en marzo de 2009, ha mostrado sus poderes. Tras examinar los datos obtenidos por el telescopio durante algo más de un año de trabajo, un equipo internacional de científicos ha anunciado la detección de «terremotos estelares», unos temblores u oscilaciones de las estrellas que, además de resultar impactantes, pueden ofrecer nuevas perspectivas sobre el tamaño, la edad y la evolución de las estrellas.

 El Consorcio de Ciencia Astrosísmica Kepler (KASC, por sus siglas en inglés) estudió miles de estrellas observadas por Kepler. El análisis de las oscilaciones estelares es similar a cómo los sismólogos estudian los terremotos para conocer el interior de la Tierra. Esta rama de la ciencia, llamada Astrosismología, produce las mediciones de las estrellas que ansían los científicos.

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El misterioso agujero vertical de la Luna, más profundo de lo que se creía


La sonda LRO de la NASA ha obtenido nuevas imágenes del hoyo, que mide cien metros de profundidad, y de otros dos más

La Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), una sonda espacial de la NASA destinada a la exploración de la Luna, ha obtenido unas nuevas y fascinantes imágenes de los agujeros que hace ahora un año fueron descubiertos en la superficie de nuestro satélite natural. Los hoyos, que parecen ser la entrada a grandes túneles subterráneos excavados por un antiguo río de lava, un mundo geológico completamente desconocido, han podido ser medidos con más exactitud. Uno de ellos, captado por la nave en el Mar de la Tranquilidad, tiene nada menos que cien metros de profundidad, algo así como el tamaño de un rascacielos y más de lo que se creía. Los científicos creen que estos túneles podrían servir de refugio a las primeras colonias de astronautas que se instalarán en la Luna, si es que algo así llega a producirse.

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La Luna se encoge.

Según los expertos, cuando la Luna se contrae, la corteza tiene que responder formando fallas

La Luna se encoge. Lo hace de forma tenue y ralentizada, pero lo hace. Al menos, esa es la conclusión a la que han llegado los expertos: el radio del satélite natural de la Tierra ha perdido 100 metros a lo largo de los últimos 1.000 millones de años, según ha declarado un equipo internacional de astrónomos en la revista estadounidense Science. La sentencia se apoya en las miles de imágenes, nuevas y de muy alta resolución, que ha ido recogiendo la sonda espacial Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, en sus siglas en inglés) de la NASA mientras orbita alrededor del satélite: sobre la corteza lunar, en los últimos tiempos han aparecido unas fallas y una suerte de acantilados. Son acantilados relativamente pequeños. El más largo mide unos cien metros de alto. El resto de acantilados son mucho menores. …

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